martes, 7 de agosto de 2012

AGACHE


                                                                                                           
     Cuando era pequeñito, miraba a la ladera y al monte.   Y lo hacía por una simple cuestión; el mar no se veía desde mi mundo y además, aquellos eran los lugares por donde venían los Reyes Magos. Seguramente esto le pasaba a muchos niños y niñas de nuestra edad porque los reyes siempre llegaban desde esos lejanos lugares.¿Tendrá algo que ver en mi afición por las montañas?. ¿Por qué eran esos los lugares escogidos para la llegada de los reyes?. Siempre me decían…” mira, mira, van bajando desde la cumbre, ¿no ves las luces?”. Y tengo que decir que veía las luces o por lo menos me las imaginaba. Era mi tío Elías el que más insistía en esta teoría. Así pues, el monte , que así es como llamamos aquí a la montaña ( en otros lugares es una montaña con vegetación) o la cumbre, término también muy utilizado para designar la zona del pico del valle, las Dehesas, Los Pelados, Anocheza,…, eran lugares que tenía siempre en mi retina. Por eso pedía unos prismáticos a los reyes. También la ladera . Ese lugar lo pisé un día cuando mi abuelo me llevó a Agache. ¿Agache?, sí, ese espacio más allá del Mirador de D. Martín. Recuerdo el día y hace poco por el Bailadero de Anaga, me pareció revivirlo. Era temprano, había neblina al llegar al mirador, el aire frío se percibía enseguida distinto. Iba con mi abuelo y mi familia. Me acuerdo que ese lugar era entrar en otro mundo, otro aire, otras casas, otras tierras más blanquecinas. Mi abuelo me decía años más tarde que  allí , en esos canteros , “sólo se dan papas y algunas parras”. Era un trabajador de la Hidroeléctrica, después Unelco,  después no se que más,…. Tras su jubilación , seguía trabajando , arreglando las torretas de la luz en el monte. Bajaba desde Izaña caminando , revisándolas. Llevaba un bocadillo de sardinas por equipaje ( eso me dice mi tía Juana). Muchas veces lo acompañaba al monte en el jeep , pero esas andanzas  las  dejo para otro capítulo. El caso , es que Agache me sonó desde joven. Es un término aborigen que designa a toda una comarca, a un espacio  desde la ladera hasta el Escobonal, con rasgos comunes   no sólo geográficos  ( paisaje de tobas, clima, vegetación, etc), sino también sociales y culturales. Y es este espacio , años después el que comencé a caminar, subiendo por Anocheza. Aquella zona de mi abuelo, Altavista de Anocheza y Los Pasitos , por debajo de la Vera de Clavijo  se convertiría años después en mi mundo. Me ha dado tanto que estoy en deuda . Decir que voy para Agache es decir que voy a mi espacio vital. Porque Agache  no sólo es ese trocito. A todos los de este pueblo les pasa lo mismo. Decir, “vamos pa ´Agache” es decir que vamos para el Escobonal , o para Lomo Mena, o para La Medida, o para Pajara, o para tantos y tantos sitios. Me ha dado y me sigue dando. Lo tendré que registrar en otro panfleto pero por poner un ejemplo , el último,  hace referencia a una afición que ha despertado en mí. La lectura y la afición por escribir y reflexionar. Estas  aficiones que en mí estaban olvidadas o dejadas de la mano, han renacido en medio de ese remanso de paz  . Ese lugar me da tranquilidad, tiempo, aire puro y todo lo que necesito para ser feliz y encontrar placer por  la lectura, esa otra forma de viajar. Tal vez, y termino, no sólo a mí. También a Merche le ha pasado lo mismo aunque ella , siempre con más voluntad que yo, comenzó antes, en nuestra casa de la playa.Ha superado las contradicciones de esta vida. Saborea todo, playa y monte.  Se compró un libro  y la lectura la  apresó. Pero en Agache  , creo que ha encontrado un buen sitio para terminar esas páginas y comenzar otras. La veo sentada bajo el alpende, junto a Fiana y Gara y  todo el paisaje parece más grande y bonito. Nunca saboreé tanto el tiempo. El libro trata de una mujer en busca de su rumbo, de su identidad. Ella , sin saberlo , quizás, ha encontrado estas cosas primero que yo. Se titula “ El verano de mi vida”.

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